| Como siempre esperando |
Estamos saliendo de Brasil, y llegamos a Chui. Podríamos decir que Chui es tierra de nadie. Todavía en el bus en tierra Brasileña, pasas la frontera donde el conductor del autobús para que nos marquen los pasaportes con el sello de salida de Brasil, y allí entras a Chui.
Es curioso ver como una calle nada más separa dos países. Nos quedamos una noche y casi dos días en Chui sin tener el pasaporte sellado ya que hasta que no saliéramos de Chui camino a tierra Uruguaya no nos sellarían el pasaporte con entrada a Uruguay. Los comercios en ambos lados tenían claro a quien pertenecían, incluso en unos nos cobraban con reales y cruzando la calle en pesos uruguayos. Sin embargo captamos al momento el olor a churrasco, queso, embutidos y vinos que había en la parte uruguaya, por eso nos quedamos más por allá, como tontos, no? La verdad que es toda una experiencia!
Nuestro próximo destino era Punta del Diablo. Este pueblo de calles sin asfaltar es un pueblo diferente al resto de ciudades. Con la playa de fondo, casas muy separadas y casi vacío aporta tranquilidad a nuestro viaje. La verdad que de camino a Punta del Diablo ya nos había sorprendido el tipo de gente que se subía al bus. Habíamos visto a los típicos uruguayos del norte, los gauchos, con sus botas camperas, sombreros del oeste y fajines de cuero, siempre acompañados de la matera de piel (para meter el mate y el termo). Los uruguayos beben mate a todas horas! Y son la tranquilidad personificada. El paisaje también cambiaba bastante, grandes prados verdes repletos de vacas, caballos, ovejas y algún que otro gorrino. ¡Mucha carne!
| nuestro hostel en Punta del Diablo |
| Ami de reflexión |
Llegamos al destino y nos bajamos las seis personas que quedaban en el autocar. Azilis (francesa), Lucas (brasileiro), Matt y Anna (ingleses) y nosotros. Estábamos en un descampado rodeado de algunos árboles y algún 4x4 que había aparcado. Fue bueno porque todos nos miramos como diciendo que hacemos aquí casi de noche…Después de preguntar a un hombre nos subimos en uno de los 4x4 que era la única forma de llegar a Cabo Polonio. Era un parque protegido.
| Sara en el 4x4 camino a Cabo Polonio |
El 4x4 nos llevo durante casi veinte minutos por un bosque lleno de dunas, algo muy raro y casi a oscuras hasta dejar ese bosque, vimos dos ciervos mirándonos y un búho, ¿que pasa aquí? Nada, llegamos a una playa y al fondo se veía como un pueblo y un faro. Llegamos al pueblo y los dos ingleses se quedaron en una posada que tenían reservada y los demás nos fuimos a casa de una mujer, recomendada por el chofer del 4x4, y a la que pudimos rebajar el precio inicial por ser cuatro, 200 pesos uruguayos ( uyu ) , unos 8€ p/p. Nosotros dormimos en una habitación privada tipo cabaña en la que cabía la cama, las dos mochilas y poco más. Cenamos allí embutido que llevábamos y hasta mañana.
Al amanecer pudimos ver bien donde estábamos. Era un pueblo sin asfaltar claro ( arena de playa ) y con casitas algunas de madera y otras de tocho pero pequeñas, casi todas de color blanco. Era un sitio tranquilísimo sin coches, motos y lo mejor, sin luz ni agua corriente rodeado de mar y dunas. ( nos duchábamos con agua de pozo calentada a gas ).
Nos fuimos a averiguar un poco y rodeando el pueblo por unas rocas pegadas a la costa dimos con el faro del pueblo. Pero lo más impresionante es que detrás del faro (la noche anterior escuchábamos como llantos de niños o gritos) había una colonia de unos 250 lobos marinos, ¡eran ellos los que gritaban por la noche! Era una imagen muy bonita el ver esos animales tan de cerca, hasta nos subimos encima de ellos y nos llevaban de paseo. Eso no, es coña, lo que pasa es que esta entrada es larguísima.
Faro de Cabo Polobnio y visita
Las playas desiertas de Cabo Polonio
| Vista panorámica de Cabo Polonio desde su faro |
Foto: Aziliz, Sara y Lucas
Bueno blogueros, un saludo y disculpad la brevedad de esta entrada.