viernes, 6 de enero de 2012

Tailandia Sur: Un paseo por las islas


Después de cruzar el puente de la amistad de Laos a Tailandia mediante dos buses y previo sello de pasaportes para una estancia de quince días entramos otra vez a este último país. Nuestro objetivo en Tailandia es visitar algunas playas e islas del golfo de Bengala y el mar de Andamán.
Pero antes de hacer nada de esto teníamos que volver a la capital por temas de visados (India).  Así que Hacemos noche en Udon Thani, a una hora de la frontera con Laos para al día siguiente viajar hasta Bangkok en un tren nocturno.

Resumen rápido del itinerario: Estamos a finales de octubre y visitamos Bangkok, un par de días, para el tema visado. Así que para no pasar más tiempo en la capital decidimos  bajar al sur unas tres horas para visitar Koh Samet (primera isla) cinco días y volver a recoger el pasaporte con nuestro sello de India. Después de nuestra visita a Koh Samet, iríamos hacia el sur Tailandia, en dirección Malasia (tren y algún que otro bus) para pasar la frontera y entrar a este país, hacer noche y volver a Tailandia nuevamente para conseguir quince días más de visa ya que por tierra solamente se pueden obtener esos días de estancia y durante un año puedes realizar esta operación tres veces. Así que era nuestra tercera y última vez que entrábamos a Tailandia. Después ya empezaríamos a subir para pararnos en Krabi-Rai Lay, Koh Lanta, isla de Pukhet y volver a Bangkok dirección aeropuerto, y así despedirnos del sureste asiático. 

Ya teníamos ganas de playa después de muchos países asiáticos, así que nuestra primera parada, como hemos comentado, es Koh Samet. Lo bueno de esta isla es que está a solo tres horas de Bangkok y a nosotros nos iba de perlas. Llegamos a Ban Phe por la tarde, ciudad portuaria para tomar el ferry, y el día siguiente ir a la isla. Ban Phe es un pueblo tranquilo punto de enlace con Koh Samet. Aquí se puede comprar algún alimento que otro ya que en las islas suelen encarecer todos los productos, pero por nuestra experiencia no es necesario por la cercanía de esta isla a tierra firme. 


Temprano, a una hora en barco (100 THB x pers i/v) llegamos a Koh Samet. Lo primero que vemos es una isla bastante grande con una sola calle con mucha actividad, decenas de alquiler de motocicletas, llena de alojamientos, tiendas y puestos callejeros a ambos lados. Al fondo de ésta una especie de barrera control que da acceso al ‘’parque natural o área protegida’’. Lo ponemos entre comillas porque no estamos muy de acuerdo en esto. Hay que pagar 200 THB (unos 5€ x pers) para acceder al ‘’parque’’. Pero claro, vemos que no paran de entrar y salir todoterrenos-taxi y motos. ¿Desde cuándo un parque natural está lleno de tantos humos como si fuese una ciudad cualquiera? Así que hacemos un trato con el guarda: Te pagamos los 400 THB pero si no nos convence lo que vemos y no encontramos alojamiento barato y tranquilo volvemos y nos devuelves la entrada. El hombre aceptó.
 
Así que mochila en ‘’espalda’’ entramos y empezamos a preguntar por Bungalows que es lo único que hay en el parque y claro todos bastante caros para nosotros. Algo que no nos gustó es la cantidad de basura que pudimos ver en el interior del ‘’parque’’ y mucha de ella justo al lado de ‘’Resorts’’. Así que después de una hora caminando volvimos a la entrada, nos devolvieron el dinero y buscamos un alojamiento en la calle principal. Tuvimos suerte y encontramos un restaurante donde un dueño canadiense tenía dos habitaciones acogedoras, limpias y perfectas y por 300 THB la noche. Estábamos contentos.

Así que sin hacernos ‘’mala sangre’’ por el tema parque natural decidimos entrar a éste, claro está por la playa y evitando la barrera control. Sin embargo cuando tocamos y vimos por primera vez la arena de Koh Samet nos quedamos maravillados. Una arena completamente blanca como la harina, de esa que cuando da el sol duelen los ojos al mirarla y de fondo un agua cristalina.

Como en todos los lugares, en donde hay más gente las playas son peores (casualmente dentro del parque y en frente de los resorts), así que  la verdad es que caminando bastante por la parte este de la isla y dirección sur pudimos observar playas y calas realmente preciosas de agua más cristalina aún y arena blanca, ahora sí que estábamos en una isla!!!. Así que, doblemente contentos por dormir en un lugar bueno y poder disfrutar de buenas playas durante cinco días. Los demás días los dedicamos a caminar por la noche viendo las bonitas luces de los restaurante en la playa, a hacer vida playera y a investigar y caminar por la isla en busca de lugares tranquilos y perdidos ya que se puede disfrutar casi en soledad porque la mayoría de turistas se concentra en la parte norte donde está más el ambiente ‘’chiringos hippi-pijos’’. Eso sí, hay que caminar una hora o más para ver esto. Al final Koh Samet nos gustó y mucho.

Nuestro segundo destino era Krabi para visitar Rai Lay, ya en la costa de Andamán. Primero de todo hay que decir que la ciudad de Krabi sirve de base para ir a varias islas próximas. Krabi, aunque suele ser una ciudad de paso tiene, un animado mercado nocturno de comida, un mercado lleno de colores, actividades infantiles y alimentos fantásticos los fines de semana. Por lo que se refiere a Rai Lay,  no es una isla pero solo se puede acceder en barca ya que está en la punta de un denso ‘’bosque’’ lleno de colinas que dan a la costa. Pasamos noche en Krabi y llegamos al día siguiente a Rai Lay (150 THBx persona). Conocíamos este lugar por la guía y por fotos de internet y teníamos ganas de ir ya que pintaba muy bien.

Al llegar no vimos nada que nos sorprendiera. Una especie de paseo marítimo de metro y medio de ancho con una playa de manglares y detrás del paseo ‘’resorts’’. Esta es la parte este de Rai Lay. Lo primero era buscar algo adecuado y tuvimos la suerte de encontrar un bungalow (450 THB, unos 11€) todo lo demás que miramos superaba los 1000 THB. Está claro que estábamos en un lugar bastante turístico y además en temporada alta. También descubrimos aquí el turismo ruso que es de nivel adquisitivo alto y derrochan antipatía (perdón por si alguien tiene algún conocido o familiar ruso pero fue nuestra sensación y la de los propios tailandeses con los que hablamos). Anteriormente, ya en Koh Samet,  pudimos ver este turismo el cual venia en masa a pasar el día desde Pattaya.


Lo siguiente era inspeccionar Rai Lay y encontrar lo que habíamos visto en fotos. Y la verdad es que no defraudó. La parte oeste de Rai Lay tiene colinas enclavadas en el mar (parecidas a Bahía de Halong) con unas aguas bastante transparentes y aunque la arena no es del todo blanca…todo junto suma un lugar para visitar y digno de postal. De fondo las familias disfrutando de las preciosas playas, los escaladores profesionales desafiando a las paredes verticales y la colonia de monos jugando con los turistas.  A parte de disfrutar de las playas hay alguna que otra actividad como la que hicimos nosotros. Nos fuimos a escalar por pareces fangosas hasta llegar a un lago  (La Laguna Azul) en medio de una colina en donde disfrutamos como niños. Fue una experiencia muy divertida ya que era la primera vez que hacíamos algo así. Después de tres días nuestra siguiente isla iba a ser Koh Lanta.


Volvimos a Krabi para planear la salida a la isla de Koh Lanta. Existe una cooperativa, en la calle principal de la ciudad en donde venden los billetes para el transporte a la isla, el cual incluye el transporte en minivan, los ferries y el transporte hasta el hotel indicado (200 THBx persona). De hecho esta cooperativa es la misma que utilizan los hoteles de Krabi para llevar a su gente hasta la isla, pero con una comisión añadida. Koh Lanta también es accesible por lancha desde Krabi. 

Después de casi tres horas llegamos a la isla, y sin saber muy bien dónde le dijimos al conductor que nos parara en el centro de la isla, por la playa de Khlong Khong y definitivamente nos equivocamos. Al parecer es la parte de alojamientos más económicos, pero también la parte de más ambiente nocturno y por tanto con una playa descuidada. Definitivamente no estábamos en una isla para estar en una playa sucia y en cuchitriles de cañas, así que nos pusimos a caminar, y a hacer dedo, hasta llegar a la siguiente playa más al sur. Allí encontramos una parte que nos gustaba mucho. No estábamos en un bungalow pero era una habitación muy limpia, amplia, y al lado del mar. Así que cada mañana desayunábamos sentados delante del mar viendo una playa limpia y un agua tranquila como una piscina. Una sensación realmente especial. 

Koh Lanta es una isla en la que hay que alquilar moto. Es muy fácil de recorrer, con una calle principal,  y es necesaria, las distancias son grandes y las calas sólo son accesibles con transporte, es decir, con moto o tuc tuc. Allá vamos nosotros con nuestra moto (150 THB) recorriendo la isla, llegando hasta el final de la isla buscando playas desiertas y lugares especiales. De esta forma pasamos 4 días en Koh Lanta, y de hecho podríamos haber pasado más. Sin embargo nuestra necesidad de conocer nos hizo volver a Krabi para ir a nuestro próximo destino: Pucket. 

Mucha gente entre Koh Lanta y Pucket hace la visita por barco a la isla de Koh Pi Pi. En nuestra aventura hemos aprendido que hemos de seguir las intuiciones y si no fuimos a Koh Pi Pi fue por esto. Esta isla es famosa por ser en donde se rodó la película “La Playa” de Leonardo Di Caprio. Así que la gente va en masa a visitarla cámara en mano y haciendo cola para fotografiarse en la “playa”. Esto nos habían dicho varias personas con las que habíamos coincidido y realmente no era el turismo  que queríamos, así que no fuimos. Nos íbamos a Pucket en autobús. También esta isla tiene mucha fama de fiesta y ambiente nocturno, sin embargo hemos que decir que Pucket no es solo fiesta, su pueblo y demás playas son especiales y diferentes a la fama que tiene. 


Llegamos a su casco antiguo,  una mezcla de arquitectura china-portuguesa que nos recordaba muchísimo a las calles de Melaka, en Malasia. De hecho ambas ciudades comparten parte de historia de colonización de estas culturas, así que resultan parecidas. Además en la parte antigua se encuentra también el  Hotel On On (en perfecto funcionamiento y lleno de turistas por el interés que despierta) en donde Leonardo Di Caprio estaba alojado en la película “La Playa” representando un hotel de las calles de Bangkok. Finalmente veíamos un poco de esta película, quisiéramos o no. Pucket ciudad es una ciudad tranquila pero animada, con servicios, en la que se puede caminar perfectamente por sus calles y encontrar todo tipo de tiendas. Encontramos alojamiento por 250 THB la noche y alquilamos moto por otros150 THB con la que nuevamente recorrimos todos los rincones de la isla. 

Patong es la parte de ambiente turístico y vida nocturna de Pucket. Llena de salones de masajes, bares sospechosos, tiendas , tatuadores y un tráfico infernal está a unos 40 minutos de la capital. La verdad es que visitar Patong es algo que se debe hacer, se podría definir como Ibiza y Lloret juntos pero con tailandeses de fondo. La playa no es la mejor pero la gente paga fortunas por una hamaca y una sombrilla aquí.

Conduciendo más al sur entre carreteras de curvas que llevan a miradores con vistas espectaculares se pasa entre montañas para llegar a calas y playas realmente bonitas. Con aguas transparentes y arena semi blancas, no todas de ellas desiertas pero si tranquilas. Además nos fascinó de Pucket su excelente fauna marina. En la cala de Nai Han vimos estrellas marinas azules, peces enormes y una cantidad de especies como las que no veíamos desde que habíamos estado en Indonesia. Era el final perfecto para Tailandia y para nuestro equipo de snorkel, el cual vendimos aquel mismo día en aquella misma playa!



Aquí acababa nuestra aventura en Tailandia. Volveríamos a Bangkok en tren para volar a India. Atrás dejaríamos los paisajes del norte de Tailandia, los templos budistas, los batidos de frutas, los Pad Thai (plato típico), los masajes tailandes, los Seven Eleven,  sus estupendas playas y a su afable gente. Después de un mes y medio en Tailandia decíamos adiós.  Un nuevo reto nos esperaba. Estamos a dos meses de volver a casa, pero antes teníamos que vivir India, así que el 28 de noviembre de 2011 tomábamos un vuelo de 4h y llegamos a Bombay…….

domingo, 1 de enero de 2012

Laos II: de Luang Prabang a Vientian


FAMILIARES Y AMIGOS FELIZ 2012. GRACIAS POR SEGUIR CON NOSOTROS!! OS QUEREMOS



Entre montañas y selva, montados en un tuc tuc para pasajeros y con los riñones doloridos, llegamos a Luang Prabang, antigua capital de Laos y con la que llegamos con una idea preconcebida, pero la cual nos sorprendió gratamente. Pensando que había sido antigua capital del país suponíamos que estaría bastante desarrollada y superpoblada, pero la verdad es que encontramos una ciudad laosiana algo más grande de lo normal con casas encantadoras estilo francés de madera y con una vida diaria tranquila. El río Mekong bordea la ciudad y sin saberlo esos días este rio seria el protagonista del momento.

Allí habíamos quedado nuevamente con Marta y Jordi, nuestros compañeros de viaje de Terrassa, por Laos. Con ellos pasamos momentos memorables, nos reímos muchísimo y conocimos una cultura diferente. En Luang Prabang seguíamos degustando las baguettes francesas, los fideos laosianos y los batidos de banana, pero ahora con compañía y hablando en español.

Como hemos dicho, llegamos a esta ciudad en un momento especial. Estábamos en vísperas de las fiestas llamadas Awk Phansaa y Bun Nam, en donde los laosianos hacen barcos de papel y ofrendas para lanzarlas al rio en medio de una noche de velas y rituales para conmemorar el final de la estación de lluvias. La experiencia fue especial. Comparsas vestidas con trajes tradicionales desfilaban por la ciudad durante la noche que se llenaba de luz gracias a las miles de velas que llevaban las carrozas artesanales con los barcos de papel. Además se lanzaban farolillos de papel al cielo por lo que el espectáculo estaba garantizado. Todo esto hasta llegar al río entre danzas laosianas y en donde finalmente se lanzaban todas la carrozas para ofrendar.


Fotos: Fiesta en Luang Prabang

Los impresionantes templos budistas de Luang Prabang estaban llenos de actividad. Los monjes, con sus túnicas naranjas, habían estado construyendo sus propios barcos y habían estado ayunando para este preciado día. Así que las siluetas naranjas estaban por toda la ciudad y la atmosfera de festividad nos acompañaría ese día y los posteriores.

Habíamos cargado las pilas en Luang Prabang, estábamos enganchados a los cafés 3 in 1 de Nescafé y en nuestras comidas no faltaba el sticky rice (arroz cocinado al vapor que queda como una masa pero duro y está buenísimo para comer como si fuera pan). Así que nos marchamos dirección Phonsavan sin saber muy bien porque, pero para evitar la ruta tradicional que todos los extranjeros hacían. Nos desviamos para ir a Phonsavan en donde “las jarras”, unas vasijas centenarias esparcidas por el campo, son la atracción principal.

Llegamos allí los 4 con nuestras mochilas, después de probar la experiencia de “hacer dedo” en Laos (y hay que decir que fue excelente! Aunque un poco por la falta de transporte fuera de la zona turística), y encontramos una ciudad en la que había poco que hacer. Con su calle principal polvorienta decidimos atrevernos e ir más allá. Así que fuimos en busca de las jarras (Muang Khun) en donde el único guesthouse estaba lleno, estaba lloviendo a cantaros, y los transportes no iban mas allá (creemos que por ser zona militar). Conclusión: vuelta atrás a Phonsavan que se estaba haciendo de noche.


Superamos el intento fallidos de aventureros y llegamos a Vang Vieng. Queríamos evitar esta ciudad por el desfase que los turistas tienen aquí, muchos de ellos olvidan que están en un país del sureste asiático y van vestidos, beben y se divierten muy por encima del umbral de respeto que se debería tener. Además el “ tubbing” y el alcohol son los protagonistas en las actividades acuáticas de estos turistas (que por cierto provocan varias muertes al año), y por nuestra parte no encajábamos muy bien en este perfil. Sin embargo, si se sale de las calles turísticas (que en el fondo se pueden guardar las distancias para descubrir una ciudad realmente bonita) , se encuentra un Vang Vieng con uno de los countrysides más bonitos que hemos visto. Caminando por las zonas rurales nos mezclamos con vacas, niños que salían de la escuela y después de una excursión de 7km, llegamos a unas cuevas increíbles en las que un chico con una linterna nos guiaba dentro de la montaña entre barro y oscuridad. Impresionante!!! Eso sí, para luego bañarnos en la Laguna Azul que se encuentra en la falda de la montaña y en la que pudimos disfrutar del agua cristalina y refrescante.




Fotos: Alrededores de Vang Vieng. Abajo: gente local

Después de cuatro días en Vang Vieng llegamos a Vientián. Vientián es la actual capital de Laos y aunque está un poco más desarrollada que el resto del país, podríamos decir que todavía sigue siendo bastante auténtica. El alojamiento en la ciudad está por encima de la media de precio del resto del país. Por ejemplo, si una habitación con baño privado, TV y Wifi en Laos está entre los 45.000 y los 50.000 Laks, en Vientián no se encuentra nada por menos de 80.000 o 90.000 Laks. Nosotros tuvimos la suerte de que al ser 4 personas, compartimos un dormitorio para los 4 por 126.000 Laks. Vientián tiene una vida animada y se encuentran creps, sopas y comida en cualquier lado. La calle principal cuenta con establecimientos más modernos y ciertas zonas se encuentran restaurantes franceses para los más selectos, ya que recordemos que Laos también había sido colonia francesa.

Fotos: Derecha en la famosa estupa de Vientián e izq. Buda Park

Una salida divertida y un poco extravagante que se puede hacer desde Vientián es ir al Buda Park. Asi que alquilamos moto y los 4 nos fuimos unos 25km a las afueras de la ciudads para ver este recinto diferente sobre el que habiamos leido. Este parque es obra de un escultor que se dedico a hacer estatuas "mitologicas" budistas e induistas de lo mas raras. Asi que resulta una salida diferente y divertida.

La verdad es que en Vientián no falta de nada, inclusive teatro chino por la noche y actividades físicas en los parques. Nuevamente veíamos aeróbic en la calle que hacía participar a gente de todas las edades. Sin embargo el lugar preferido de los laosianos es la orilla del río Mekong, que cuenta con un largo paseo por el que los habitantes de Vientián pasean, hacen ejercicio, desde donde se admiran los rojos atardeceres laosianos o en donde se saluda a los vecinos Tailandeses al otro lado del río.

Estábamos los cuatro de Terrassa en armonía, bebíamos cervezas Bier Lao a orillas del paseo y alguna pizza que otra habíamos probado en Laos. Así que después de que Marta y Jordi alargaran su visa de 1mes unos días más, decidimos bajar hasta Paksan para después llegar a las famosas cuevas de Kong Lo, que según dicen son las más impresionantes de Laos y del sureste asiático. Llegamos allí perfectamente, pero la necesidad, y la fiebre, nos hizo quedarnos allí 4 días (la Sarita estaba mala…). Por lo que tuvimos que volver a Vientián para visitar al médico (bueno la primera vez en 14 meses de viaje no está mal, no?) y descartar enfermedades. Estábamos sanos y nuevamente recuperamos el apetito y las ganas de viajar. Sin embargo los días en Laos se nos acababan.

Nos separamos de Jordi y Marta con pena y tristeza. Ellos seguirían visitando Laos y ya nos contarían más tarde como eran las cuevas de Kong Lo y sus aventuras por Asia. Sin duda una pareja excepcional a la que les deseamos lo mejor, y con los que nos volveremos a ver, aunque sea en Terrassa, y con los que seguimos teniendo contacto.

Los de Terrassa city
Dejábamos Laos y en un bus cruzábamos el puente de la amistad que separa ambos países. Una salida y una entrada fácil del país nos permitían estar nuevamente en Tailandia. Estábamos en el norte y nos íbamos de Laos con recuerdos excepcionales y experiencias muchísimo mejores. Para nosotros Laos es y será el país más autentico y rural del sureste asiático en el cual no nos importaría repetir.

La furgoneta en Laos


jueves, 22 de diciembre de 2011

Laos I: Norte

Llegamos a Laos después de cruzar nuevamente el rio Mekong por el norte del país desde el paso fronterizo de Chiang Khong, en Tailandia. Como decimos el rio Mekong nos ha acompañado durante los últimos cuatro países que hemos visitado y hemos podido apreciar su inmensidad y riqueza. Uno de los ríos más grandes del mundo. Damos fe de ello. Además hace de división entre Tailandia y Laos en casi toda su totalidad.


Pisamos tierras Laosianas (Huay Xai pueblo fronterizo) después de cruzar hasta este país en barca (40 Bats x pers.) y empezar los trámites de visado para un mes de estancia en Laos. El proceso es rápido. Se paga setenta $ US (por los dos) más 2 $ por ser fin de semana y ya tienes tu sello de estancia en el país. Haríamos noche en Huay Xai para al día siguiente ir hasta Luangnamtha.

Lo primero que notamos en Laos es que los precios son algo más altos que en el norte de Tailandia, tanto en la comida como el transporte, pero de todas maneras el coste de la ‘’vida’’ sigue siendo barata. Sin embargo, aunque nos costó, rápidamente nos acostumbramos a los precios de 10.000 en 10.000. Y físicamente a los laosianos es muy difícil diferenciarlos de sus otros vecinos camboyanos y tailandeses.
visitando una escuela en Luangnamtha

Llegamos a Luangnamtha después de unas cuatro horas en bus (120 Laks, unos 12€). Los transportes, aunque los vehículos son de lo más rudimentarios y las carreteras, muchas de ellas no están asfaltadas, son fáciles de tomar ya que los horarios y los precios vienen marcados en los tableros que se encuentran en las estaciones. Luanngnamtha está situado en el norte del país y es punto de parada para hacer trekkings o visitar pueblos de minorías étnicas. También se puede hacer una visita a unas cascadas próximas o a cuevas cercanas. Hemos de decir que durante el trayecto en bus ya notamos una diferencia considerable en el paisaje, montañoso y con vegetación casi tropical. Una mezcla muy atractiva. Sin duda Laos es el país más rural de todo el sureste asiático.

Fotos: caminando y cruzando en barca el rio

Estuvimos tres noches aquí y lo dedicamos a recorrer el pueblo, parte de su periferia y a visitar en moto el norte (hasta llegar a la frontera con China) por carreteras llena de curvas, y como hemos dicho, circulando entre vegetación. No visitamos ninguna etnia, (por respeto y por no invadir su intimidad) aunque circulando por todo Laos se ven bastantes pueblos de estas características desde la misma carretera ya que normalmente todos los habitantes de Laos, y en especial las villas que se encuentran cerca de las carreteras, son de por si etnias minoritarias que viven de los campos cercanos de arroz (y sticky rice, todo un descubrimiento!) o de otros cereales. Es cierto que existen compañías de tours donde ofrecen excursiones de dos a tres días en medio de la selva en los que visitar e incluso alojarte en pequeños pueblos o aldeas más apartadas de la ‘’civilización’’. Nosotros decidimos realizar ningún tour.

Bailando la Macarena con los laosianos. Abajo: sonrisas laosianas y "vaya tela"


De hecho, en Luangnamtha, una de las experiencias que mas recordamos fue cuando caminando por el countryside (alrededores de campos) empezamos a simpatizar con unas niñas de rasgos preciosos y sonrisas encantadoras que nos llevaron a un rio. Nos separábamos allí mientras ellas cruzaban en barca al otro lado. Pero porque no cruzar con ellas? Así que allí fuimos. Estábamos en el otro lado del rio en una cabaña de bambú en donde dos mesas largas daban de comer y beber a unas 40 personas, en semiestado de embriaguez, mientras bailaban con música en directo y bebían sin parar en “modo ritual” el licor preferido de Laos (a parte de la cerveza Bier Lao) que ellos mismos destilan: el LaoLao. El desenlace de esto fue que acabemos bailando, comiendo y bebiendo (intentando que fuera con moderación), pero salimos de allí cuando lo creímos conveniente. Así que después de tres días en los que interaccionamos con bastante gente local seguimos nuestra ruta. Nota: los laosianos son muy acogedores y agradables pero ojo si se entra en algún lugar donde estén bebiendo, muy dados a ello, ya que no se sabe como personas de otras culturas pueden reaccionar en estado de embriaguez. Además en un país en donde la cerveza resulta barata y desde temprana edad, adolescentes, ya beben sin medida.

Vistas de Nong Khiaw desde el puente

Nuestro próximo destino era Nong Kiaw. Llegamos después de pasar noche en Udomxai (ciudad de negocios entre China y Laos, más parecida a China y sin ningún interés turístico) para que el camino no se hiciese muy pesado. De Nong Kiaw sabíamos que como todo pueblecito del norte era rural y poco más. Así que al llegar ya pudimos ver las calles sin asfaltar, casas muy humildes y un río bastante caudaloso que separaba parte del pueblo, comunicado por un puente. Una parte del pueblo es la parte de alojamientos para el turismo y la otra es el pueblo en sí, lleno de locales. Teníamos el presentimiento de que Nong Kiaw nos iba a gustar y mucho. Después de casi una hora buscando alojamiento que se ajustase a nuestras necesidades, es decir no muy caro pero bueno,jejeje!!! Encontramos unos bungalows más que aceptables cerca del rio y con Wifi, ( 50.000 laks x noche).


Estuvimos tres noches, cuatro días disfrutando de la vida tranquila de este pueblo, viendo como se fabricaban canoas artesanalmente, mujeres hilando en telares, esquivando gallinas, pollitos… y bañándonos en un río cercano y en los pies de unas cuevas junto a unos niños que nos encandilaban con su energía y sonrisas.

Al cuarto día hicimos una escapada rio arriba hacia otra aldea solo accesible en barco, (Muang Ngoi, una hora y media 50.000 los dos) muy parecida a Nong Kiaw pero más pequeña y con solamente una calle central. El encanto de Muang Ngoi es que solamente se llega en barco, los víveres son más escasos (aunque no falta de nada) y la luz se corta dependiendo de la hora. Los restaurantes se llenan de luces de colores por la noche y resulta encantador, pero que nadie se piense que está en el fin del mundo, las barcas no cesan de llegar y salir y a veces el ruido de motores rompe la tranquilidad y magia del lugar. Por eso, pasamos una noche para después regresar de nuevo a ‘’nuestro bungalow’’ de Nong Kiaw.

Nong Kiaw es un pueblo que no hay que perderse si se visita el norte de Laos. Rodeado de montañas con una enorme vegetación y donde la vida rural todavía persiste fuera del ámbito turístico. Un lugar encantador que sin duda repetiríamos. Pero tuvimos un valor añadido a nuestra visita a este pueblo y fue el de conocer a una pareja, que caprichos del destino, dormía al lado de nuestro bungalow y que para más casualidad viven en Terrassa (nuestra ciudad!). Si, el mundo es muy pequeño pero Terrassa más!!! Ellos son Jordi y Marta, él es de Terrassa, ella es de Andorra, pero la queremos igual, jijiji!!! Juntos estaríamos recorriendo lo que nos quedaba de Laos pero hasta la próxima entrada no los conoceréis.



Nos adelantaremos y os deseamos a todos unas FELICES FIESTAS en compañía de vuestros seres más queridos. Nosotros brindaremos por todos vosotros allá donde estemos.

Amor y Felicidad.