Seguimos subiendo por la costa Brasileña y llegamos a Recife. Recife es una capital de grandes edificios. Para que nos entendamos, es un Benidorm multiplicado por 10. La verdad es que notamos el nivel adquisitivo de la gente de Recife, la cual vive en grandes edificios al lado del paseo marítimo. No hace falta notarlo, simplemente mirar. Aunque no todo esto es Recife, en la parte antigua y el puerto también vive la clase más humilde de Recife en casas normales.
Después de alojarnos en un hostel de juventud en segunda línea de playa, nos fuimos a disfrutar de ella. Nos sorprendió ver un cartel de “cuidado ataque de tiburones”. Algunos dicen que los ciudadanos de Recife no se mojan más que los pies, pero la verdad es que había gente disfrutando del mar algo más allá de la orilla. Más tarde nos explicaron que una empresa de Recife había abocado residuos al mar de forma ilegal y los tiburones habían acudido en masa. Y hace un par de años hubo ataques serios a surfistas y a algún niño. Ahora parecía que el tema estaba más controlado. Pero más vale prevenir.
La parte vieja de Recife, a nuestro parecer, no tiene mucho interés. Es verdad que Recife está formada por diferentes islotes y bordeada y unida por muchos puentes, los cuales le da su encanto (dicen que la ciudad es mucho más bonita verla desde un barco) y son agradables de conocer siempre que no haga un calor infernal como el que hace en octubre por las calles de Recife y el cual padecimos nosotros. Como íbamos diciendo, Recife no nos pareció que tuviera ningún interés arquitectónico, aunque si una vista del mar muy linda.
| Sara y Ami en la catedral de Recife, casco antiguo. |
| Atardecer de Recife desde Olinda |
Fotos: Plaza da Sé de Olinda y Sara (foto de al lado)
En este hostel de la cadena HI (hay por todo el mundo), nos dejaron una habitación de 4 para nosotros solos. El hostel tiene piscina (como ya hemos dicho!) y una zona al aire libre muy agradable con hamacas, por lo que conocimos a mucha gente, como a un chico chileno (David) que estaba viajando por Sudamérica en bicicleta, a Jose (un hombre peruano pero residente en Paris) que visitaba Brasil por segunda o tercera vez y una pareja Uruguaya, Cecilia y Tabaré, muy agradables y simpáticos con los que nos agradó conversar y nos apenó despedirnos.
Después de disfrutar de Olinda menos de lo que nos hubiera gustado decidimos seguir nuestro viaje hacia Natal, ya que nos esperaban personas brasileñas para alojarnos y teníamos ganas de llegar a esta ciudad.
